Visión General
La Muerte cabalga un caballo pálido por un paisaje en el que obispo, rey, niño y doncella por igual deben someterse. El sol se eleva entre dos torres a lo lejos, prometiendo que el nuevo día llega de todos modos. Un heraldo de la carta no es la parca de la leyenda sino una figura de transición: la Muerte no mata, la Muerte escolta. Un río fluye a la derecha y en él se sienta una barca, ambos evocando el río Estigia y los pasajes del alma. El estandarte que la Muerte lleva muestra la rosa blanca del Loco, lo que sugiere que los finales posibilitan nuevos comienzos. El número 13 se reduce a 4 (1+3), el número del Emperador: todo final inicia una nueva estructura. Cuando esta carta aparece, la transformación está cerca. Lo que debe terminar no es necesariamente lo que más temes perder, sino lo que ya no sirve al alma que estás llegando a ser.