Visión General
El Diablo se sienta sobre un cubo negro, alzando una antorcha en parodia de la varita del Mago. Dos figuras cautivas están encadenadas a su pedestal, pero las cadenas en sus cuellos están flojas: podrían liberarse si lo decidieran. Los cuernos del Diablo invocan al macho cabrío del Aquelarre y a los dioses paganos de la fertilidad que la Iglesia demonizó. Sobre su cabeza lo corona un pentagrama invertido, lo que significa la materia dominando al espíritu. El Diablo no es un enemigo externo sino el juez interior que te convence de que eres pequeño. Su dominio incluye la adicción, el apego, el consumismo y la mentira de que eres tus acciones. Cuando esta carta aparece, examina dónde has entregado tu poder a cambio de algo ofrecido falsamente como protección o placer. Las cadenas están flojas: lo que te mantiene atado es creer que no puedes marcharte.